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Por causa de sus malas decisiones

Cecilia Skinner |
Irene Bluvan, con su nieta Andrea Rodríguez, habla de su historia con los oficiales de Inmigración durante una visita a su casa en Ogden

Cecilia Skinner

Irene Gone llegó a Estados Unidos a los diez años procedente de México, con su visa de residente, la que le fue otorgada por beneficio de sus padres.

Sus padres estaban esperando por esta gran oportunidad, ya que brindarle estudio secundario a sus hijas iba a ser casi imposible para ellos. Aunque la educación secundaria en México puede obtenerse “gratuitamente”, hay que pagar un bono “voluntario” que de acuerdo a la mamá de Irene, se hace obligatorio o de lo contrario no son aceptados los estudiantes.

“Esto se hacía un poco pesado para una familia como la de nosotros, con tres hijas todas seguidas, porque el bono era casi dos veces nuestro salario”, comenta la madre de Irene.

Aunque para los padres de Irene era la mejor oportunidad de sus vidas, la niña no lo vio de esa manera.

En Ciudad Juárez, la niña estaba en una academia de gimnasia rítmica. Tenía gran disposición y se le facilitaban las rutinas. Las niñas más pequeñas de la academia siempre la buscaban, para que les ayudara a entrenar los movimientos.

“Para Irene era una gran oportunidad de compartir lo que mejor sabía hacer. Aunque era una buena estudiante, su pasión era la gimnasia y se sentía muy orgullosa de poder ayudar a las otras niñas. Era su pasión, su vida, una de las cosas que la mantenían viva”, relata la madre de Irene.

Al llegar a Kansas, entró a la escuela. Toda su rutina cambió. En lugar de ser el centro de atracción, pasó a ser una niña más que necesitaba ayuda con el Inglés.

Aunque debería ser vista como una persona talentosa, era el objeto de las miradas de los otros niños de la clase que la veían como “la diferente”.

Su madre comenta que durante su juventud no tuvieron problemas graves con ella. “Solo los desafíos normales que los padres tienen con sus hijos a esa edad”. Sin embargo, a veces le llegaban pensamientos en los cuales enjuiciaba si en realidad la decisión de traer a sus hijas para ofrecerles un mejor porvenir, había sido lo más conveniente.

Sus otras hijas estaban contentas y parecían adaptarse muy bien. La única que siempre estaba pensando en regresar a México, era Irene.

Consecuencias

A los 18 años de edad, tomó un camino que cambió completamente su vida. Se fue a vivir con un joven tres años mayor que ella.

Era un joven que tenía problemas con drogadicción. Irene tenía las mejores intenciones de ayudarlo y sacarlo del vicio.

A medida que pasaban los días, los meses, los años, la voluntad de Irene cede y en lugar de ayudar a su compañero, se une a él.

“Ya no era un problema. Eran dos los que teníamos en la familia”, agrega la madre de Irene al referirse a su hija.

Buscando una forma de afianzar más su relación para luchar contra la adicción, Irene se casó dos años después de haberse ido a convivir con su compañero de aventura.

Las cosas no mejoraron, sino cada día empeoraron más y más. No tenían un trabajo fijo por causa de su irresponsabilidad.

Al no tener dinero para mantener el vicio, empezaron a robar a los familiares, amigos, y en donde se les facilitara.

Es así como comenzó a tener problemas más graves. Recibió varias multas de la Policía, que no pagaba y la citaban a corte.

En varias ocasiones le dieron oportunidades de pagarlas por cuotas, las cuales empezaba a pagar, pero no terminaba.

Al tiempo que ella llevaba esta vida tan desorganizada, sus familiares tuvieron la oportunidad de recibir la ciudadanía.

“Le pedimos una y otra vez que hiciera el papeleo, pero ella siempre decía que no iba a negar su ciudadanía mexicana y que no iba a hacer ningún trámite”, comenta con gran tristeza su madre.

Lo cierto es que durante esa época, Irene tenía que renovar su tarjeta de residencia y nunca lo hizo.

Se quedó indocumentada. Vivía una vida llena de peligros y con problemas con la justicia por causa de las decisiones que había tomado.

Es así que en el mes de junio del 2011, le llegó una carta a Irene del departamento de inmigración de los Estados Unidos, para que se presentara en la oficina en Murray.

Su madre la acompañó y tan pronto como llegaron, la enviaron a una entrevista con un agente del ICE; al entrar a su oficina el agente le informó que había un proceso de deportación y que de allí sería enviada directamente a México.

Le pusieron las esposas y no la dejaron ya regresar más a su casa. El llanto se apoderó de ella y lo único que decía era que ella quería a su hija, que por favor le dejaran ver a su hija. Nunca ocurrió. Para entonces Andrea Rodríguez, su hija tenía un poco más de cuatro años.

Se quedó bajo la custodia de su padre, aunque la niña pasa gran parte de su tiempo con su abuela.

Nueva vida

Cuando se llevaron a Irene a la cárcel de Spanish Fork, los agentes de inmigración no le quisieron informar por cual puerto la iban a deportar. En la oficina de inmigración le informaron que los agentes tenían deber de decirle, de manera que ella insistió y le dejaron saber que la dejarían en Tamaulipas, México.

Con la ayuda de familiares y amigos la recibieron en su destino y le compraron el pasaje para Ciudad Juárez, en donde la estaba esperando su madre.

Irene fue separada de su hija y de su familia, como consecuencias de las decisiones que un día tomó.

Ahora añora los momentos en que pueda reunirse con su hijita, quien actualmente tiene seis años y quien extraña inmensamente a su madre.

Cecilia Skinner is the Community Editor and investigative reporter for OKespañol a Spanish publication of Deseret Media. She has more than 20 years of experience writing and editing in Spanish. She focuses on education, health and immigration.

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