A la hora de calmar el estrés, los mensajes instantáneos no pueden competir con llamar por teléfono a la mamá. Un nuevo estudio sostiene que oír la voz de la mamá tranquiliza de una manera en que no pueden hacerlo los mensajes de texto.
El simple hecho de hablar con la mamá bajó los niveles de colesterol, un bioindicador del estrés, y aumentó la oxitocina, una hormona clave relacionada con las relaciones saludables y el placer, según una investigación publicada este mes en la revista Evolution and Human Behavior, por científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison.
Los mensajes instantáneos en la computadora no modificaron el nivel de ninguna de las dos hormonas. En términos de consuelo, fueron equivalentes a la ausencia total de contacto.
"Nuestra conclusión es que el sonido reconfortante de una voz conocida es responsable de las diferencias hormonales observadas y, por lo tanto, que pueden verse diferencias similares en otras especies que utilicen señales vocales para comunicarse", escribieron los investigadores.
Estudios anteriores habían demostrado que el diálogo entre madres e hijas es comparable al contacto físico en lo que se refiere a su capacidad para disminuir los indicadores de cortisol salival, "una hormona que tiende a aumentar después de un acontecimiento difícil o estresante". No obstante, fue más que el simple contacto con la madre, dice el estudio, que comparó el contacto de voz con los mensajes instantáneos. Fue la conversación.
"El estudio sugiere que la voz de la mamá –sus tonos, entonaciones y ritmos, conocidos formalmente como prosódica- provocan efectos más tranquilizadores que lo que ella dice específicamente", declararon los autores del estudio a la revista Wired.
Los investigadores monitorearon a jovencitas que tenían historias familiares particularmente difíciles o que no se llevaban bien con sus madres. Luego, reclutaron a 68 chicas con edades comprendidas entre los 7 años y medio y los 12, que completaron cuestionarios sobre las relaciones con sus padres, y a continuación descansaron para acostumbrarse al entorno de laboratorio. Posteriormente, recibieron el Trier Social Test para niños, que consistió en resolver problemas de lenguaje y matemática, ante tres extraños que mantenían sus gestos faciales neutros. La tarea duró 15 minutos.
A su término, se asignaron las chicas en forma aleatoria a una de cuatro categorías: interacción directa con mamá, estar solas sin ningún contacto parental, hablar con sus mamás por teléfono y un grupo final que intercambió mensajes de textos con un programa privado entre madre e hija. A las madres se les pidió que prestaran su colaboración, ya fuera hablando en persona, por teléfono o por mensajería instantánea.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que "las señales de contacto físico y auditivo en forma de una charla reconfortante son capaces de producir una liberación similar del péptido social oxitocina en niños humanos, después de un hecho estresante y también de reducir los niveles de cortisol salival, que suele aumentar en respuesta al desafío social". No obstante, el estudio demostró que "es más probable que sean las señales auditivas prosódicas propiamente dichas, las que producen los efectos hormonales observados antes que el contenido lingüístico de un diálogo".